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Las nuevas tecnologías nos invaden, a nadie le cabe duda. Hay gente que se queja de que hace décadas pensaban en que por esta época ya andaríamos por ahí con coches voladores, y se sienten decepcionados con la realidad. Sin embargo, hemos llegado a un punto en que los avances tecnológicos son inimaginables, y el alcance que esto pueda llegar a tener en un futuro próximo, incierto. Puede que lo tengas perfectamente controlado, pero ¿podrías desconectarte de las nuevas tecnologías?

Sin caer en la pretensión absurda de que nos convirtamos en ermitaños aislados del mundo, o que volvamos a modos de vida arcaicos desaprovechando todas las maravillosas herramientas a nuestro alcance que nos facilitan el acceso diario a la información y la comunicación,  no podemos ser ajenos a los problemas que un uso indiscriminado de estos avances puede acarrearnos.

Además de los evidentes problemas físicos: vista cansada, sobrecarga articular, dolores de espalda y cuello, etc., que la gran mayoría de quienes trabajamos frente a un ordenador sufrimos, nos encontramos con una serie de riesgos emocionales y sociales que no podemos ignorar. ¿A qué nos referimos? Aislamiento, pérdida del contacto con la realidad “física”, empeoramiento de las relaciones afectivas y, particularmente, incapacidad para desconectar del trabajo, tendencia acentuada con el boom de los dispositivos móviles que, para bien y para mal, nos permiten estar accesibles en cualquier momento y lugar.

Y que conste que no seré yo quien tire la primera piedra… Hace unas semanas tuve la suerte de disfrutar de unos días de desconexión en el Balneario de Archena con unos amigos. Lo primero que pregunté, más allá de las instalaciones o los servicios que me aguardaban, fue si tenía wi-fi en la habitación. “¿Wi-fi? ¡Si venimos a relajarnos y a desconectar!”. Y tenían toda la razón, pero seguro que a muchos os ronda la misma pregunta cuando viajáis, y si no, es porque contáis con el iPhone. Por suerte para mí, la señal no llegaba a mi habitación, lo que ayudó a que pudiera desconectar completamente. Pero en las zonas comunes, pude ver a personas cuyo cuerpo estaba en un entorno incomparable y cuya cabeza, lejos de abandonarse al relax absoluto, estaba pensando en el e-mail que iba a mandar en cuanto subiera a la habitación, el tweet que iba a publicar sobre lo bien que se lo estaba pasando, o la foto que iba a hacerse con el móvil para colgar en Facebook.

Por supuesto que esto no es lo normal, y que en muchos casos, el uso constante de ordenadores, dispositivos móviles, redes sociales, etc. viene condicionado por nuestra actividad laboral. Pero es innegable que existen personas que controlan las tecnologías, y personas controladas por ellas.

Además, como sucede con los fumadores, lo normal es pensar que no estás “enganchado” y que eres verdadero dueño de tu conducta, hasta que te sometes a ti mismo a prueba. Comprobar tu grado de adicción es bien sencillo: pregúntate sinceramente «¿Sería capaz de no “conectarme” durante 2 días seguidos?» Y si quieres afrontar la realidad, atrévete a intentarlo.

Imagen | F.M. Matito

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