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Si hace unos días hablábamos de la importancia de la implementación de las redes sociales para el éxito de toda organización que se precie, no podemos dejar de señalar hoy los riesgos de las redes sociales para la empresa. Sin ánimo de resultar alarmistas, y desde nuestra clara vocación por las nuevas tecnologías, hemos de dejar claro también que en las redes sociales no todo el Facebook es orégano.

Las personas que trabajamos frente a un ordenador tenemos a nuestro alcance infinidad de herramientas para facilitarnos el acceso a la información y a la comunicación. El uso de redes sociales está justificado en tanto que nos permite tener línea directa con nuestros clientes y clientes potenciales, publicitarnos, viralizar rápidamente nuestros mensajes, desarrollar contactos profesionales, investigar la actividad de nuestra competencia, aprovechar sinergias, mejorar nuestra imagen de marca, y un largo etcétera. Una buena gestión de estos medios, bien desde la propia compañía o desde una empresa especializada, puede aumentar nuestros beneficios considerablemente.

Pero innegablemente, el acceso a la inmensidad de las redes sociales también entraña una serie de riesgos desde la óptica de la empresa, si no se utilizan con la profesionalidad adecuada.

El principal, o al menos el más exaltado por los empresarios, es la pérdida de tiempo y de productividad por parte de los empleados. Como ya sucedió hace años con la irrupción del e-mail, y posteriormente con el boom del envío indiscriminado de power points de dudosa utilidad, el uso de las redes sociales en la empresa puede acarrear una notable dispersión en la concentración de los trabajadores.

Recuerdo cómo un amigo me contaba no hace mucho que estaban a punto de despedir a una de las jefas de departamento de su empresa porque pasaba las jornadas laborales más preocupada de mantener su granja de Facebook (una aplicación de lo más monótona, si me lo permitís) que de atender a sus responsabilidades del “mundo real”. Aunque pueda parecer gracioso, no deja de ser preocupante que una persona ponga en juego de esa manera su puesto de trabajo, especialmente con la coyuntura económica que vivimos.

A esto hay que añadir la facilidad con que los empleados “incautos” pueden poner en bandeja de la competencia el know how de su compañía con comentarios indiscretos, colgar fotografías que desvelen información privada, hacer comentarios inapropiados al emplear un tono distendido de colegueo con personas que en un momento dado pueden perjudicar a la compañía, por no hablar del peligro de infecciones de virus, que encuentran un chollo en los imprudentes.

Ante estas amenazas, son muchas las empresas que se plantean restringir el acceso a las redes sociales en horario laboral. Pero esta solución, además de suponer un retroceso para la cultura empresarial de confianza en sus recursos humanos, trae consigo la pérdida de oportunidades que estas herramientas, bien utilizadas, ofrecen. Lo ideal, por tanto, sería encontrar un equilibrio que permita a empresa y empleado disfrutar y explotar las nuevas posibilidades, minimizando la aparición de conflictos y consecuencias desagradables para ninguna de las partes.

¿No sería conveniente que algunas personas se tatuaran la frase de Spiderman: “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”?

 

En Digiworks | Redes sociales = éxito en el marketing para empresas

Imagen | birgerking