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Si no eres capaz de soportar que las redes sociales sigan su curso aunque tú no puedas conectarte en un par de días, deberías reflexionar si con el tema de medición de la influencia social: ¿Te has convertido en un esclavo?

He oído más de una vez a alguien lamentarse: “He estado 5 días sin conectarme a Twitter y he perdido x seguidores”, o: “Tengo que aplicarme, que en estas últimas semanas me ha bajado el Klout”. No termino de verle la utilidad a que alguien difunda a todos sus contactos un informe con la cantidad de followers nuevos y de menciones o retweets recibidos esa semana y, sinceramente, cada vez entiendo menos a la gente que lo hace.

El lugar donde residen los egos

Que las redes sociales son un caldo de cultivo excelente para los egos, es algo que todos sabemos. No hace mucho, en una conferencia a la que asistí, me llamó la atención que se “clasificaba” a la gente por su número de seguidores en Twitter. Si no tenías más de 200 seguidores, prácticamente no eras nadie. No niego en absoluto la importancia de la medición en las redes sociales, pero ¿nos estamos fijando más en la cantidad que en la calidad? ¿Los contenidos de una persona con 2000 seguidores son necesariamente mejores que los que pueda aportar una con 100?

La lógica dicta que quien tiene más followers, es porque interesa más. Pero pensar eso, es ignorar todo el  resto de factores que contribuyen a que una persona decida seguirte. Muchas veces simplemente seguimos a alguien por compromiso, por hacer que nos siga, por inercia, por cotillear o por simple conveniencia. Sí, seguro que nadie se da por aludido, pero si hiciéramos una verdadera criba, a lo mejor nos llevábamos muchas sorpresas.

Considero que la competencia por ser el más popular en las redes sociales puede ser hasta productiva, pero si simplemente sirve para marcar distancias entre “gurús” y “plebe”, o para crear legiones de gente que ya no sabe ni tomarse una cerveza con los amigos sin tener que ponerlo en Twitter, empiezo a plantearme si nos estamos volviendo todos locos.

Yo, que soy pequeño, ¿qué puedo hacer?

No me gustaría creer que nos estamos convirtiendo en seres dependientes del aplauso de la masa en las redes sociales. La admiración y cariño de los demás nos reconforta a todos, pero no deberíamos obsesionarnos con ser los más populares, los más retuiteados, o los que tienen más fans. En todo caso, los que se esfuerzan por hacer las cosas lo mejor posible. A veces se verá “recompensado” con cifras de seguidores, pero otras puede que no. Y no por ello se es peor. Empresas muy pequeñas son capaces de hacer grandes cosas en redes sociales, y con una buena estrategia a medio-largo plazo, pueden conseguir excelentes resultados.

Así que no veamos el camino de tu empresa en redes sociales como una batalla perdida de antemano contra los grandes. Esto no es cuestión de un boom instantáneo, sino de pasos firmes pero seguros. Y si no, recordemos en qué han quedado el 90% de concursantes de Operación Triunfo…

 

Imagen | uncafelitoalasonce

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