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Google marcó un antes y un después en lo que a tecnología wearable se refiere cuando anunció por todo lo alto sus Google Glasses.

Este dispositivo, una suerte de ordenador comprimido en unas gafas al que podemos manejar con la voz, prometía acercar al usuario el futuro con mayúsculas que las películas de ciencia – ficción nos han inculcado desde niños.

Una presentación tras otra, muestras de su avanzada tecnología y las posibilidades que su capacidad de realidad aumentada iban a brindar a la humanidad, no dejaban de crear expectación en los usuarios, ávidos de poder probar el juguetito.

Pero el tiempo ha ido pasando, y a la decepción de que los coches no vuelen todavía, se nos une que seguimos prácticamente sin conocer de primera mano de qué va ese avance que nos prometieron.

¿Dónde han quedado todas esas expectativas? ¿Es el fin de las Google Glasses?

 

Perspectivas de futuro para las Google Glasses

Hoy, más de dos años después de su presentación oficial, son sólo unos pocos (en su mayoría desarrolladores) quienes han decidido desembolsar los cerca de 1500€ necesarios para hacerse con sus Google Glasses.

Se oían rumores de despidos, de jefes de proyecto que ya no llevan las gafas en sus comparecencias públicas, en definitiva: parecía evidente que el bombo y platillo inicial se iba deshinchando.

Sin embargo, Google lanzaba un comunicado estos días en el que justificaba que el abandono de la fase beta del proyecto era para centrarse en la apertura de nuevas vías de negocio para las Google Glasses. Posiblemente un uso mucho más centrado en ámbitos profesionales especializados e industriales.

Y es que la aceptación para el mercado de gran consumo no parece tener muy buenas perspectivas por ahora. Hay una serie de obstáculos, entre ellos el precio, que es necesario resolver antes de poder esperar buenos resultados.

Tampoco ha contribuido el rechazo social que se ha producido en los pocos lugares donde las Google Glasses se han integrado algo más en el día a día. En San Francisco, por ejemplo, los usuarios de este dispositivo son coloquialmente conocidos como los glassholes, con tono totalmente burlón (los “tontos de las gafas”).

Y a esto se unen los problemas relacionados con la privacidad. Muchos comercios y restaurantes, por ejemplo, han vetado el uso de las Google Glasses para evitar que sus clientes se puedan sentir molestos de que cualquier usuario del gadget les pueda estar grabando o fotografiando en cualquier momento.

 

Competencia para las Google Glasses

Sin embargo, el campo de investigación de los dispositivos wearables sigue resultando muy interesante, y son muchas las empresas que están aprovechando para plantear sus propuestas alternativas a las gafas de Google.

Las Sony SmartEyeGlass Attach, las propuestas de Atheer Labs, las Space Glasses de Meta, o las HoloLens de Microsoft, de las que hablaremos en un próximo post, son por ahora algunas de las principales innovaciones que van a tratar de competir en ese terreno con Google Glasses.

Veremos hacia dónde avanza este campo del Internet de las Cosas que tanto interés y recelo suscita.

¿Crees que los dispositivos wearables estarán integrados dentro de poco en la vida cotidiana? ¿Qué opinas de las Google Glasses?

 

Imagen | Andrew Becraft

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